Hola locos que tal, si tu eres uno de esas personas que te identificas con la rima y con los sonidos de bariro del hip-hop pues te invito aque visites y mi para que la conoscas y formes parte del concierto que se realiza todos los meses de febrero
no te olvides la cita es en cuenca
te estare informando un poco mas en proximas visitas
Cuenca es una ciudad del Ecuador ubicada en la provincia del Azuay. Situada alrededor de 2.500 metros sobre el nivel del mar en la parte sur de la Cordillera Andina Ecuatoriana, es la tercera ciudad de mayor importancia en el Ecuador. Fue la antigua segunda capital del Imperio Inca llamada Tomebamba y fue conquistada en 1533 por los españoles y fundada con el nombre de "Santa Ana de los Rios de Cuenca" en honor a la española Cuenca (España) de su fundador el Virrey de Lima Andres Hurtado de Mendoza quien encargó la fundación a Don Gil Ramírez Dávalos lo cual tomo lugar el 12 de abril de 1557. altura=|2.800
Con una densidad poblacional de 450.000 habitantes, Cuenca es la tercera más grande e importante ciudad de la nación. También es considerada como la más atractiva ciudad del Ecuador, por propios y extraños, por mantener la tranquilidad y hermosura de una ciudad de paz.
Por el Padre Paul Marx, O.S.B., Ph.D.
Fundador y director ejecutivo de Human Life International
Introducción
La mayor parte del mundo no está todavía consciente del peligro que representa la Federación Mundial de Sociedades para el Derecho a Morir, una red internacional para promover la eutanasia, a cuya Séptima Conferencia Bianual asistí en San Francisco en 1988, y cuya Conferencia de 1990 tuvo lugar en Holanda. Alrededor de 29 organizaciones miembros de esta red están dedicadas a crear un clima de opinión favorable a la legalización de la eutanasia y a llevarla a cabo en cualquier forma que pueda hacerla aceptable en sus respectivos países. El momento y las formas de encarar el tema varían, pero una vez que la eutanasia sea legalizada en cualquier parte, su aplicación puede extenderse a medida que se presenten las oportunidades.
Por el Padre Paul Marx, O.S.B., Ph.D.
Fundador y director ejecutivo de Human Life International
Introducción
La mayor parte del mundo no está todavía consciente del peligro que representa la Federación Mundial de Sociedades para el Derecho a Morir, una red internacional para promover la eutanasia, a cuya Séptima Conferencia Bianual asistí en San Francisco en 1988, y cuya Conferencia de 1990 tuvo lugar en Holanda. Alrededor de 29 organizaciones miembros de esta red están dedicadas a crear un clima de opinión favorable a la legalización de la eutanasia y a llevarla a cabo en cualquier forma que pueda hacerla aceptable en sus respectivos países. El momento y las formas de encarar el tema varían, pero una vez que la eutanasia sea legalizada en cualquier parte, su aplicación puede extenderse a medida que se presenten las oportunidades.
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La utopía comunista no fue inventada por los comunistas, sino que es un sueño que ha sido acariciado desde hace mucho, por muchas personas en diferentes partes del mundo. Es un Eldorado arquetípico que se sueña para contraponerlo a las imperfecciones del sistema social que se vive. Es también en cierto sentido un retorno ansiado hacia la infancia sin responsabilidades bajo el cuidado protector de la Madre. Y nace de una cualidad de la imaginación que permuta la posición social de los prominentes hacia nuestra propia posición para convertirnos a todos en prominentes, cuando en la realidad esa igualdad lo que destruiría es la prominencia. Y ciertamente, uno de los sentimientos -no el único- que hay detrás de esta permutación de la imaginación, es la envidia.
La meta superior de la doctrina marxista es el establecimiento de la Sociedad Comunista, la desaparición del Estado, y el surgimiento del Hombre Nuevo.
El funcionamiento de la sociedad comunista se realizaría a través del principio "De cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad". ¿Pero cómo estaría implementado esto? ¿Quién determinaría qué es lo que necesito y qué es un sueño que no tengo derecho a pedir? ¿Son las necesidades invariables? Esta distribución requeriría un enorme Estado-Madre, pero por otra parte se me dice que el Estado desaparecerá. Esta enorme contradicción se "resuelve" en la doctrina mediante el milagro de la aparición del Hombre Nuevo, un verdadero robot de perfección suprema que se regula, no exagera sus necesidades, no toma más de lo que necesita, que siempre requiere lo mismo y no se aburre y entrega de sí todo lo que puede sin desmayar jamás.[1]
En realidad esto no es más que el Retorno. El Retorno a la Infancia bajo la Madre protectora que todo lo provee. El comunismo "científico" no es más que el añorado retorno reaccionario a la situación de las tribus sin Estado y en cavernas, a la comunión idílica con la naturaleza que nos destruiría sin compasión en cualquier catástrofe local, sin esperar a ninguna planetaria, comunión que se declara además que será eterna al desaparecer el motor que la movía, la lucha de clases.
Todavía quedan tribus por ahí viviendo en ese estado. Ese tipo de hombre nuevo-viejo existe en esas tribus que se han mantenido sin desarrollo durante milenios. No importa que el nuevo hormiguero humano tenga automóviles y aviones si la mentalidad humana, la esencia humana se destruye. En los países socialistas incesantemente se tiende a destruir la iniciativa individual, a impedirles su libre expresión y por ello se anula el desarrollo, el progreso, y esas sociedades se estancan, porque van en contra de lo que dio origen al hombre y en lo que en realidad lo define, como se demuestra en la parte expositiva de nuestra doctrina: el ser humano se define como tal porque origina una transformación incesante de la información que almacena y recibe, porque socializa esa información mediante la creencia, porque la fe lo mueve en lo que cree. No importa si la creencia se refiere a la posibilidad de engarzar algo con algo para obtener comida, o que si dibuja un toro para asegurar la captura, o si se pinta para ahuyentar los espíritus malos, o para verse mas bello, o si piensa que puede conquistar la cumbre de esa montaña para demostrar su superioridad sobre otras tribus, o si cree que es digno de risa el torpe intento de un pequeñuelo por atrapar su imagen en un charco, porque ya él sabe que eso no es posible, o al menos le tiene mucha fe a esa creencia.
Por otra parte, quien no se sienta herido por las injusticias de un mundo donde niños mueren de hambre y enfermedades, mientras hay perros y gatos millonarios, no tiene el corazón bien puesto.
Quien no sienta desazón ante la riqueza excesiva de algunos en comparación con la miseria que otros heredan, tiene los sentidos romos por la costumbre o emponzoñados.
Y de los sentimientos generados por la desigualdad social -que no sólo es la envidia como algunos simplistas suponen, sino también el de injusticia-, surge ese sueño de una sociedad idílica.
Una sociedad en la que cada cual aporte el máximo de sí mismo sin necesidad del látigo del mayoral o del incentivo del dinero, sino que lo haga como expresión libre de su conciencia moral, es algo extremadamente bueno y deseable.
Una sociedad que le dispense a cada cual lo que necesite es una maravilla a la que se debe aspirar.
Pienso que el que trata de aportar lo mínimo a los demás y busca extraer lo máximo para sí, es simplemente un canalla, un rufián. El que no se preocupa tanto por recibir lo mejor, pero trata de no dar lo mejor de sí es un haragán. El que se esfuerza por aportar, pero quiere recibir lo que considera justo en correspondencia, es un espermatozoide victorioso. Y el que busca aportar lo máximo y recibir lo mínimo es un idealista, un santo, o un masoquista.
Es decir, el problema de la utopía, de la sociedad utópica, es la variedad de la respuesta individual. Es por ello que el marxismo habla de la creación del Hombre Nuevo, por la simple razón de que en la sociedad comunista no tiene cabida el hombre viejo, el hombre existente, el hombre real que conocemos y por ello hay que inventar uno que funcione en el sueño.
En Cuba ese arquetipo fue el Che Guevara.
Se admiraba en él esa entrega total hacia la causa. Fue un abanderado del trabajo voluntario al que se consagraba con verdadera vocación mística, a pesar de ser un dirigente de una Revolución en el poder. Era un ejemplo de sacrifico, disciplina y era proverbial como no se dejó dominar por la riqueza de recursos de los que podía disponer como gobernante. Era en ese sentido un idealista, un santo, un asceta del comunismo. Y era el que más luchaba por formar el Hombre Nuevo.
Él afirmó en "El Socialismo y el Hombre en Cuba": "Intentaré, ahora, definir al individuo, actor de ese extraño y apasionante drama que es la construcción del socialismo, en su doble existencia de ser único y miembro de la comunidad. Creo que lo más sencillo es reconocer su cualidad de no hecho, de producto no acabado. Las taras del pasado se trasladan al presente en la conciencia individual y hay que hacer un trabajo continuo para erradicarlas. El proceso es doble, por un lado actúa la sociedad con su educación directa e indirecta, por otro, el individuo se somete a un proceso consciente de autoeducación."
Nótese que califica al individuo como "producto no acabado" y eso es significativo, porque califica al ser humano de "producto", lo que presupone un productor, alguien que forma, alguien que determina cuando el "producto" ya está acabado y cuando el "producto" debe ser desechado por defectuoso y tirado a la basura o fusilado, como él hizo y mandó a hacer innumerables veces.
El carácter impositivo de la obtención de ese "Hombre Nuevo", ese "producto" de la Revolución Comunista, se destaca en esta otra cita del mismo escrito: "Claro que todavía hay aspectos coactivos en el trabajo, aun cuando sea voluntario; el hombre no ha transformado toda la coerción que lo rodea en reflejo condicionado de naturaleza social y todavía produce, en muchos casos, bajo la presión del medio (compulsión moral, la llama Fidel)."
Aquí también resalta que ni el trabajo voluntario es voluntario en realidad, pues está sujeto a la "compulsión moral", que por si fuera poco no era solamente "moral", sino que conllevaba consecuencias sociales y laborales.
¿Y quién es el que forma el "producto"? ¿Quién es el que aplica la coerción para que el "producto" se "autoforme"? El Che da la respuesta: "El Partido es una organización de vanguardia. Los mejores trabajadores son propuestos por sus compañeros para integrarlo. Este es minoritario pero de gran autoridad por la calidad de sus cuadros. Nuestra aspiración es que el Partido sea de masas, pero cuando las masas hayan alcanzado el nivel de desarrollo de la vanguardia, es decir, cuando estén educados para el comunismo."
Es decir, el "producto" es formado por el Partido Comunista que no es elegido por los "productos", pues es el Partido quien en realidad acepta o no a sus nuevos miembros y que aplica una represión salvaje en contra de los "productos" que se niegan a serlo y aspiran a la utopía de ser considerados "seres humanos" en una sociedad comunista.
Ese partido es además, un partido en el que los organismos inferiores se subordinan a los superiores. Un partido con disciplina militar en el que el Secretario General es un Rey de Nuevo Cuño.
Y he aquí la contradicción que parece insoluble entre el ideal y la forma de llegar a él.
La sociedad comunista, la utopía del sueño, no es un ideal criminal, sino al contrario un bello sueño que ojalá pudiera ser posible. Pero el ideal es tan lejano de la realidad concreta, de la naturaleza humana y social, que no sólo es irrealizable, sino que empujó a cometer monstruosidades catastróficas.